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Goma de Mascar [Fanfic BenLou]

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Goma de Mascar [Fanfic BenLou]

Mensaje por Louise Beilschmidt el Lun Oct 10, 2011 4:56 am

Bien, este fic lo escribí de rápido en el Chrome 8'D No me fío del jodido Word Pad. ¡Va para ti, e'posa, que me dijiste que lo hiciera! Está centrado en un Universo Alterno y me basé en la canción de Paty Cantú "Goma de Mascar". Espero y les guste~
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Goma de Mascar

Maldito el día en que te encontré. La hora en la que te miré

Soltó un suspiro, mientras que jugaba nerviosa con su lápiz. Era el primer día de escuela, y ella acababa de ser transferida. Sus hermanos habían conseguido un trabajo como maestros en la World Academy, y como les consiguieron becas a ella y a Ludwig... bueno, se los llevaron también.

No había hecho amigos hasta ahora. Ella no era de las típicas chicas que hablaban con todos en el primer día, ni en el segundo, ni en el tercero... En pocas palabras, no era nada sociable. Su hermano estaba en otro grupo, por lo que no tenían tiempo para verse. Literalmente, se encontraba sola. El sonido de la campana anunció el fin de la clase, por lo que se apresuró en guardar sus cosas y colgarse la mochila en el hombro. La siguiente clase -según por lo que venía en su horario- era educación física. Genial. Ahora todos se enterarían de su "pequeño" secreto.

Salió lentamente de los vestidores, mientras que escuchaba el cuchicheo de unas chicas a su espalda. Claro, era inevitable que hablaran de ella y de sus enormes pechos. No los culpaba, no era... normal que una chica de su edad tuviera una delantera así, y menos natural. Lo más probable es que pronto comenzaran los chismes sobre implantes o algo por el estilo.

Soltó un bufido.

— ¡Bien, todos en fila! ¡Una de varones y otra de mujeres! — gritó el profesor Héderváry, mientras que soplaba su silbato —. Harán calentamiento de estiramiento y flexiones. La persona que esté frente a ustedes será su pareja de aquí hasta que acabe el semestre, ¿entendido? No quiero quejas o que intenten cambiar pareja. Se les calificará por su desempeño en equipo, ¡así que andando!

La alemana volteó a ver hacia el frente para mirar a su pareja. Una mueca de desagrado apareció en su rostro al notar como la miraba el otro.

— ¿Qué tal, nena?

Entraste a mi vida, y ahora no hay salida... me equivoqué

Genial, su primer reporte y no tenía más de 5 horas en la escuela.

Pero, ¡el otro se lo había ganado! Nadie le llamaba "nena" y salía ileso. A su lado, el pelirrojo no dejaba de sobarse su mejilla inflada. Hubiera tenido lástima por él, pero estaba enojada. Y cuando ella se enojaba, no había casi nada que la calmara.

— Auch... Tienes un buen derechazo — se quejó el otro. ¿Cómo le había dicho el director que se llamaba? ¿Bent Densen? Miró su reporte: "Castigo después de clases por haber golpeado al joven Bent Densen". Sí, al parecer había acertado.

— Hump — se limitó a contestarle, sin dignarse a mirarle. Los dos se encaminaban -para su desgracia- al mismo sitio, la sala de detención. Ella por haberle golpeado y él por haberle "insultado"... además, por faltar a las primeras tres horas, dormirse en clase, molestar a otros alumnos y otra infinidad de cosas que le dijo el director.

Se notaba que era un chico problema a simple vista, sobre todo por el parche que cubría su ojo. Genial, ¿quién diablos le había tocado como pareja?

— No me has dicho tu nombre, preciosa — dijo él, con cierta burla en su voz. Louise pensó que se estaba buscando otro puñetazo en la cara.

— No te interesa saberlo — espetó ella, con un leve tic en el ojo.

— Oh, vamos, serás mi compañera, tengo derecho a saberlo. ¿O acaso prefieres que te siga llamando "nena"? — rió.

Hijo de puta.

— Louise Beilschmidt — contestó entre dientes.

Él sonrió ampliamente, como si se tratara de un niño al que sus padres aceptaron darle un dulce para cumplir su berrinche.

— Bent Densen, un placer.

Yo no quería y acepté. Por un ratito te guardé. Yo no soy adorable, tú eres insoportable

La primera semana de clases había terminado. Y Louise sabía que el mundo estaba en su contra.

Cuando los maestros se enteraron de su "pequeño accidente" con el danés -se había enterado de que él venía de algún lugar de Dinamarca-, decidieron hacer que ella fuera algo así como su tutora. La alemana tenía calificaciones de 10, no tenía antecedentes -sin contar lo del puñetazo- y siempre estaba atenta a clases. ¿Quién mejor que ella para que el pelirrojo dejara de ser un vago y comenzara a hacer algo productivo con su vida?

Los odió como nunca había odiado a alguien.

— ¿No vas a hacer la tarea? — preguntó, claramente aburrida. Estaba en la casa de él para ayudarle a hacer los deberes que le habían dejado para el fin de semana. La familia del danés era muy extraña. Sus padres (Liese y Søren Densen) siempre, SIEMPRE sonreían. Había escuchado que Bent tenía un hermano gemelo, pero hasta la fecha no le había visto. Y sus demás hermanos... bueno, cada uno tenía lo suyo.

El danés despegó apenas su mirada de su consola de videojuegos. Miró la enorme cantidad de libros que habían sobre la mesa, y luego la miró a ella. Al final, decidió seguir jugando.

— Bien — frunció el ceño —. No esperes que te la haga... saukerl — farfulló quedito, retomando su propia tarea. Podría ser su tutora, pero eso no significaba que iba a hacer las cosas por él.

— Eres muy enojona — contestó él, sin despegar la mirada de la televisión —. No deberías de tomarte las cosas tan a pecho. Relájate un poco más.

— Estoy relajada — mintió. Se encontraba más estresada de lo que nunca había estado —. Tú deberías de preocuparte más por las cosas y no ser un vago...

— Soy un bad boy — le corrigió, poniéndole pausa a su videojuego para voltear a verle.

— Eres un idiota.

— Y tú una amargada.

— Descerebrado.

— Marimacha.

— Marica.

— Complejo de Hitler.

— ¡Eres tan irritable!

— Lo sé, es una de mis cualidades más atractivas — sonrió con sorna.

Pero la sonrisa se le borró de la cara cuando un libro se estampó contra su cara.

En la política y la fe no congeniamos, ya lo sé

— Así que... ¿eres católica? — preguntó él, mientras que se acomodaba mejor la pañoleta que cubría su cabello, al estilo pirata.

Louise se acomodó mejor su falda bombacha, para luego colocarse su sombrero de bruja.

— Sí, pero aún así no hay nada de malo que participe en estas fiestas — comentó, para luego voltear a verle — ¿Y tú que eres?

— Protestante — se limitó a decirle, encogiéndose de hombros.

— Oh.

Otra cosa con la cual no congeniamos pensó mientras que caminaban hacia el gimnasio de la escuela, dónde se iba a llevar acabo el baile de Halloween. Ya habían pasado tres meses desde que se conocieron, y aunque el danés había servido como saco de boxeo para la alemana cada vez que intentaba sobrepasarse con ella, ahora eran algo así como amigos.

Aunque realmente no tenían mucho en común.

Ella era fiel partidaria de la República, puesto que ese era el gobierno que se manejaba en su país. Él por su parte, prefería la Monarquía, ya que según él, no traía tantos problemas como la otra. Ella prefería las películas románticas. Él las de terror. Ella amaba las matemáticas y las ciencias. Él prefería leer un buen libro de historia o escribir -resultaba que sí sabía hacerlo-. Ella era más paciente. Él no. Ella aún era virgen. Él -por lo que se había enterado Louise- había dejado de serlo desde hace muchos, muchos años.

Pero aún así tenían cosas en común. Ambos amaban la música, en especial la clásica. Gustaban de ver una buena película de comedia los sábados por la noche -después de discutir por horas si ver una de terror o una romántica-. Adoraban los postres, en especial los de chocolate. La cerveza era su bebida preferida -claro está, ella adoraba la germana y él la danesa-. Su materia en común era educación física y artes. Y les gustaba pasar horas y horas hablando, aunque fueran temas triviales y sin sentido -como por ejemplo, qué pasaría si las plantas dominaran el mundo-.

Cualquiera que los viera pensaría que eran pareja o algo por el estilo, pero no era así. Eran simplemente... amigos. O eso quería pensar la alemana. Últimamente se sentía muy ansiosa y nerviosa cuando estaba a su lado.

— Que aburrido — soltó él, apoyando su mentón en una de sus palmas.

— Tú fuiste el que dijo que quería venir — puntualizó ella, mirando a los demás bailar desde las canchas.

— Creí que habría chicas lindas con trajes atrevidos, pero las que hay son unas zorras — dijo sin más.

— Pensé que esas eran las de tu tipo — bromeó ella.

— Nej! — le miró alarmado, casi como si hubiera dicho que acababan de cancelar su programa favorito de la televisión —. Puede que me haya acostado con infinidad de esas, pero era porque no me quedaba de otra — suspiró.

— ¿Y entonces cuales son las de tu tipo? — quiso saber, de pronto.

— Como tú — contestó el otro sin más.

Y recibió una cachetada en respuesta por parte de ella... que más bien pareció un puñetazo.

Yo como carne roja. Tú solo comes hojas

— Lo lamento — balbuceó, con la mirada agachada.

— Ya, es como la noningentésima vez que te digo que no hay problema — respondió él con una sonrisa torcida, sorprendiéndola a ella porque supiera pronunciar ese número.

Louise enarcó una ceja, para luego mirar el brazo enyesado del otro. Cuando le dio aquel puñetazo durante el baile, hizo que se cayera por las gradas como si se tratara de uno de esos maniquíes de prueba. Y para colmo, estaban en el último escalón. No entendía todavía porqué había reaccionado de esa manera, lo normal hubiera sido que le diera un suave golpe en el hombro y le dijera "ya, deja de bromear", en vez de darle un puñetazo y romperle un brazo.

— P-pero es que... — comenzó a decir, buscando una manera de disculparse... de nuevo. Llevaba ya dos semanas así.

— Vamos, vamos, que he sufrido cosas peores — se señaló con su mano buena el parche en su ojo —. Mejor olvidemos eso y vamos a comer, ¿vale? Escuché que hoy hay para escoger en la cafetería.

Ella asintió, y juntos se encaminaron hacia el comedor de la academia. Generalmente, ya venía un menú preparado para cada semana: El lunes macarrones, el martes pizza, el miércoles hamburguesa, el jueves carnes y el viernes generalmente era un platillo típico de algún país o algo así. Cuando llegaron y los ojos de ella se posaron en el menú, volteó a ver al danés, quien la miraba de la misma forma. Era la mirada que quería decir "¿estás pensando lo mismo que yo?".

— ¡Wurst!

— ¡Hakkebif!

Ambos parpadearon, para después reír. Después de todo, no estaban pensando lo mismo. Aún así, cada uno terminó pidiendo el platillo del otro, sólo para "experimentar" un poco.

— ¿Qué tal está la carne? — preguntó él, mientras que le daba un mordisco a la salchicha.

— Nunca había probado la carne de cerdo de esta manera — confesó. Generalmente en su país y en su casa, la carne terminaba molida y en forma de salchicha.

— El wurst tampoco sabe mal — asintió.

— ¿Sabes que te ves raro comiendo una salchicha de esa manera? — bromeó, dejando en claro el doble sentido.

— ¿No se comía así? — parpadeó él, con cierto toque de inocencia. Eso solo la hizo reír más.

— Nein, generalmente las partimos en trozos pequeños. Ya sabes, para no malinterpretar — rió un poco más, para luego mirar fijamente la comisura de sus labios. Tenía algo de carne en estos —. Tienes... — comenzó a decir, señalándole el lugar dónde se había manchado, para luego acercarsele e intentar limpiarle.

Y entonces él aprovechó para sujetarle del hombro con su mano buena y estampar sus labios contra los suyos.

Insufrible amor, ¿cómo me pude enamorar? No te soporto es la verdad. Porque molestas y te pegas como una goma de mascar, en mi zapato al caminar. Somos un caso no ideal

— Bent, deja de estar de paranoico — pidió, mientras que se sobaba las sienes, frustrada.

— ¡Y-yo no estoy de paranoico! — chilló, medio ofendido —. ¡Te estoy diciendo la verdad, esas ardillas andan por allí vigilándome, buscando el momento perfecto para saltar en mi cara y comerse mi ojo con sus diminutos y afilados dientes!

— ... Debes de dejar las películas de terror. Enserio — dijo, mirándole con pena.

Ese día se encontraban en el parque. Recién habían salido de vacaciones por las fiestas navideñas, y se encontraban pasando un "tiempo en pareja" -Louise aún no se acostumbraba al hecho de que él fuera su novio-, aunque en realidad eso parecía más bien un tiempo de psicoterapia.

Se habían encontrado con dos ardillas en el camino, las cuales transportaban sus nueces para prepararse en el duro invierno que les esperaba. Recién la noche anterior había nevado, y ahora todo se encontraba bañado por una enorme capa de nieve. Era el escenario perfecto para una velada romántica... si no fuera por el hecho de que el danés no dejaba de aferrarse a ella como princesa en apuros.

— E-esos bichos son engendros del demonio — respondió él, con un leve tic en el ojo.

— No todas las ardillas son como esa que te atacó.

— Son sus familiares. Tienen en su sangre el instinto asesino.

Rodó los ojos, cansada.

— Bien, como digas. Ahora olvidemos las ardillas y disfrutemos del día, ¿de acuerdo? — pidió.

Él la miró fijamente, para luego soltarse poco a poco de su brazo y sujetarla de una manera más "normal". Se encaminaron hacia un pequeño puesto de cafés, y pidieron un par de chocolates calientes para no morirse de frío. Mientras que ella le daba un pequeño sorbo a su bebida, el danés se encargaba de pagarle al camarero.

— Pero te digo, algún día las ardillas armarán un complot para conquistar el universo y obligarnos a ser sus esclavos, recolectando nueces para ellas y...

— ¡Bent, cuidado! — alcanzó a chillar ella, antes de que el pelirrojo pisara sin querer la cola de una.

Y el resto ya es historia.

Pero te quiero. Yo te quiero

— Algo de pomada y estarás como nuevo — le sonrió ella, queriendo tranquilizarlo.

— Juro que mataré a todas las ardillas del mundo — sollozó él de manera "masculina", mientras que la alemana se encargaba de vendarle su mano derecha.

Cuando la ardilla había atacado a Bent, este había apretado con fuerza su vaso con el chocolate caliente, haciendo que el líquido saliera de este y le quemara la mano desnuda. Así que por eso se encontraban en la casa de ella, que era la más cercana al parque. Suerte que Louise sabía de primeros auxilios, o estarían en el hospital.

— Ya, ya, la pobre sólo se defendía, después de todo le pisaste la cola — indicó ella.

— ¡¿La estás defendiendo después de que por su culpa casi pierdo la mano?! — chilló él, mirándole con exagerada tristeza.

— Oh, vamos. No la estoy defendiendo. Y no perdiste tu mano — le palmeó la zona herida sin querer, haciéndole soltar un gritito de dolor —. Así de queja de lloriquear.

Él la miró con un puchero infantil y una lagrimita escapándose de la comisura de su ojo, para luego sonreír ampliamente, de esa forma pervertida y picaresca que solo él podía poner. Ella rodó los ojos, totalmente acostumbrada a eso.

— Dejaré de lloriquear sólo si me das un beso~ — dijo, de manera algo burlona.

— No te comportes como un niño — farfulló ella, sonrojada totalmente. Louise no eran de las que daban besos a cada rato... todavía. Nunca antes había tenido una relación de ese tipo, por lo que era nueva en muchas cosas. Y una de esas eran los besos. Generalmente no se andaba besuqueando todo el tiempo con el danés, a pesar de que él lo intentaba constantemente. Era muy tímida... tal vez en exceso.

— Andaaaa~ — suplicó él.

— Nein.

— Por favooooor~.

— Que no.

— ¿Ni de piquito? — batió sus pestañas, de manera inocente.

Un ligero tic apareció en uno de los ojos de la germana.

— B-bueno...

— ¡Strike~!

Yo estoy más loca cada mes. Tú insufrible a la vez

Se separaron por algo de aire, y en ese momento Louise se dio cuenta de que se encontraban acostados en la cama. ¡¿En qué momento habían llegado hasta allí?! ... Momento, ¡¿en qué momento ella había perdido más de la mitad de su ropa?!

Un fuerte sonrojo se apoderó de todo su rostro, y de manera torpe, intentó apartar al otro. Bent le volteó a ver claramente confundido, mientras que enarcaba una ceja y dejaba de recorrer sus curvas por encima de la blusa que ella aún traía puesta.

— ¿Sucede algo? — quiso saber, preocupado.

— Hu-hum... n-no sé si esté lista... — balbuceó de manera tímida. Él sabía que ella aún no había tenido "contactos" de aquel nivel, y ella estaba agradecida de que él no hubiera insistido -tanto- durante aquellas semanas que llevaban saliendo.

— Podemos parar si quieres — se apresuró a decir él, no queriendo espantarla ni nada por el estilo. Si se había estado aguantando todo ese tiempo podría hacerlo un par de... meses más, ¿cierto?.

Ella le miró fijamente, para luego cerrar los ojos de manera nerviosa y volver a besarle.

Eres tan vulnerable. Tan tierno, tan besable

Sus manos acariciaron su cuerpo desnudo, casi como si fuera la primera vez que lo veía así. Y aunque técnicamente era la primera vez, ya lo había recorrido por completo hace unos momentos.

No se creía que aquello estuviera pasando en realidad. De hecho, aún no lograba procesarlo. Lo había hecho con el danés, aquel hombre que había logrado conquistar su corazón de la manera más extraña posible. Ella siempre se había esperado a un típico príncipe azul para que fuera el hombre de su vida. El danés era totalmente opuesto a su tipo de hombre ideal: era un vago, un idiota, un pervertido, un egocéntrico, un niño pequeño... Era imposible que ellos encajaran perfectamente como pareja.

— ¿Qué piensas? — preguntó él, mientras que le quitaba un par de mechones de cabello de la frente, curioso.

Ella soltó un par de risitas.

— Nada en especial — susurró, para después volver a besarle.

Siempre te amaré

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Re: Goma de Mascar [Fanfic BenLou]

Mensaje por Bent Densen el Lun Oct 10, 2011 5:24 am

Spoiler:
Me Gusta

¡Lo amé!

No tengo palabras para describir lo bien que te ha quedado y lo mucho que me gustó, por Pólux, fue la descripción perfecta de Bent XD

Muy bueno.

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Re: Goma de Mascar [Fanfic BenLou]

Mensaje por Isabel Fernández Carriedo el Lun Oct 10, 2011 9:54 pm

Mein Gott! Estuvo genial! *¬* lo amé!!!
-se tienta a poner la firma de la campaña(?)-
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Re: Goma de Mascar [Fanfic BenLou]

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