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De sudor y ternura (+18) UKxUSA (en ese orden)

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De sudor y ternura (+18) UKxUSA (en ese orden)

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 02, 2011 3:03 am

Título: De sudor y ternura
Pareja: UKxUSA (en ese orden)
Autor: Pauly~
Advertencia: Mentes no pervertidas, no lean esto
Summary: La doble personalidad se define como la existencia de una o más identidades o personalidades en un individuo. En Arthur, era la diferencia entre el ternura del querer y el sudor de poseer; entre entregarse y ser cazado. UKxUSA. Capítulo único


De sudor y ternura


¿Quién iba a creer que tu carne no conocía otra ajena?


El escenario se presentaba normalmente, una reunión, discusiones varias donde el alemán parecía ser el único cuerdo, el francés atacaba al inglés, el japonés sólo se dedicaba a evadir cualquier pregunta que le hicieran y el italiano...bueno, pues él era simplemente Italia. Alguna reunión típica para observadores inexpertos; cualquier espectador anónimo no notaría las miradas que comenzaban a acecharme desde unos asientos de distancia, con el mirar levemente malicioso de sus antiguos tiempos de pirata. Pues sí, nadie notaba que Arthur me contemplaba de soslayo y, aún sabiendo lo grandioso de mi persona y que todos me veían siempre, sabía que aquella mirada solo podía significar una sola cosa. Un nuevo combate, una nueva lucha de voluntades encontradas. El atraco del supuesto caballero inglés a los puertos de mi cordura.

Aquella era la promesa de que ocurriría nuevamente aquello.

Intentando esconder mi inquietud tras un comentario muy genial hecho claramente por el gran Alfred J. Jones, no pude evitar hacer una mueca cuando noté que la sonrisa sarcástica de Inglaterra se ensanchaba poco disimuladamente. Muy bien todos los demás podrían interpretarlo como un mero desagrado hacia él, una niñería sin sentido, sin embargo aquellas conclusiones rondaban muy lejos de lo que era la realidad...Y era que, sus risitas irónicas, la ingenuidad plasmada en su rostro y la forma de actuar desinteresada, distaban bastante cuando nos quedábamos a solas, sin ojos ajenos a la realidad...Acoso, sí quizá esa era la palabra correcta, pero ¿Cómo llamarle acoso a algo que no me desagradaba?

La chispa invisible crecía, cedía, se ocultaba tras los comentarios ambiguos, se mostraba abierta ante mis ojos, desgarrando mi piel en la necesidad de unos minutos a solas con mi denominado acosador. ¡El orgullo americano! Se escondía tras el hiriente cosquilleo que tomaba todo mi cuerpo, recorriendo de cabeza a pies, perdiendo el autocontrol. El nerviosismo era un síntoma clave para saber que nuestro juego comenzaba ahora mismo, combatiendo por mantener la reunión a flote.

-¿Te sientes bien, git?- preguntó por lo bajo el inglés, con ese tono intenso, marcando cada palabra de una forma que...simplemente era demasiado cálida para ser solo casual. ¿Mi reacción? Querer huir lo más rápidamente posible del lugar ahora mismo. Él pirata volvía a tomar el cuerpo del inglés.

Tragué saliva y me obligué a contestar sin demora, ocultándome tras las palabras que usualmente usaría. -Me siento bien, ¡Recuerda que soy un héroe!- Me reí y sentí casi palpable la frustración que lo embargó al obtener una respuesta distinta.

Mas únicamente dudó una fracción de segundo para recobrar la total confianza en sus acciones, calculándolas de una forma fría, tal, que parecía que Arthur Kirkland había sido secuestrado y llevado lejos por el fantasma del bandido que me había conquistado hace muchísimos años atrás. -Los superhéroes también pierden batallas contra los villanos.- Hizo una mueca satisfecha y suspiró. -Y hoy me toca ganar, mi héroe.- Era un hecho, la segunda personalidad, posesiva y sensual, acababa de tomar el control.

Fruncí el ceño, nervioso, y las manos comenzaron a sudarme levemente. Me callé durante un rato; silencio que muchos parecieron notar, sin embargo solamente los ignoré a todos. ¿Por qué debía hacer cosas como esas?, le reclamé mentalmente. Claro, disfrutaba insanamente al verme así, tan solo bastaba ver la forma en que se relamía los labios de forma muy disimulada, dejando entrever su deseo de posesión, su perverso plan maquinándose en esa mente totalmente calmada. Y mi cuerpo solo correspondía derritiéndose ante las caricias no entregadas, rindiéndose simplemente ante la calidez y la precisión con la que realizaba cada movimiento estratégicamente analizado.

-Ya me cansé de todo esto.- alzó la voz, haciéndome temblar nuevamente, por lo que apreté los puños. -Terminemos la reunión antes, pues no llegaremos a nada, como siempre.- Me dedicó una larga mirada con una sonrisa silente, que acallaba cualquier duda, pero solamente a mí. Los demás parecían estar de acuerdo con su decisión, lo cual me parecía una sentencia a entregarme.

Y es que esas eran las señales que me indicaban muy secretamente, que no me fuera inmediatamente, porque hoy tocaba atraparme. El mensaje era siempre muy claro; se mostraba muy alegre todo el tiempo, muy amable, pero acortaba la discusión de forma muy poco notoria, logrando controlar los pequeños hilos que llevaban la plática para sacarlos a todos fuera de la habitación. Si, el indiferente inglés hacía todo esto con un solo fin: Capturarme. Sus inocentes actitudes solo eran la máscara para el acoso que me esperaba muy pronto.

Sintiendo las pisadas de todos retumbando en mis oídos mientras ellos sólo se alejaban ignorando la situación. Condenado, atrapado, manipulado.

De pronto, sucedió lo peor, lo que repudiaba y podía llegar a adorar tan velozmente, ese cuerpo impidiéndome el paso mientras los demás se retiraban con una despedida formal, puesto que Feliciano los había invitado a comer. Arthur, acercándose, pegándose levemente a mi cuerpo. Prácticamente estaba respirando en su cuello, viviendo por efímeros segundos en él, para él. Hasta que mis breves delirios fueron interrumpidos por alguien.

-¿Irá, Alfred?- preguntó Japón en un gesto que me pareció muy amable. Estando a punto de responder con un, demasiado, alegre "si", claramente para escapar, cuando cierto personaje de enormes cejas respondió por mí, poniéndose en frente de mi interlocutor. Evitando cualquier salida de emergencia.

-Él no puede hacerlo ahora mismo, Kiku, pues tenemos una reunión pendiente de nuestros jefes, la cual quiero fijar ahora, antes de irnos.- le respondió de forma muy correcta el inglés. -No quiero tener que ver la cara de este idiota otro día, si no te molesta.- Una excusa barata, pero creíble, puesto que su careta de caballero inglés les hacía creer a todos que me tenía un profundo rencor por las antiguas rencillas. Una mentira, una gran mentira.

El japonés me miró extrañado, a lo que solo pude asentir automáticamente, dándole permiso al pirata para apoderarse de mi cordura una vez más. "Batalla iniciada" me dije, reprendiéndome por mi comportamiento sumiso. Comenzábamos a jugar, y el jugar con fuego, con Arthur, siempre hacía que me quemase a fuego lento.

Japón me contempló solo una vez más antes de volver su mirada al cejón. -Ya veo. Nos vemos pronto, entonces. - Kiku se despidió haciendo una pequeña inclinación y salió sin más dilación tras el alemán y el italiano.

Solos, él y yo.

Perdería nuevamente.

No se dio la vuelta hasta que dejamos de oír pasos cerca, a lo que él simplemente cerró la puerta con el seguro puesto. -Sin interrupciones, ¿No te parece, pequeño Alfred?- Su tono de voz había pasado de ser el usual a uno más grave, mas profundo, haciendo que mi cuerpo reaccionara.

-¿Qué quieres de mí ahora?- le pregunté mientras mis rodillas parecían no querer sostenerme mucho más. Con el miedo que devoraba, con el deseo surgiendo imparable, temblando internamente. Te odio, te amo. Todo es mentira. Un juego, solo otro juego.

Se dio la vuelta y pude contemplar la sonrisa que surcaba su rostro de forma tan maliciosa, juguetona, su sonrisa de conquistador, del verdadero pirata que alguna vez había sido. -Siempre he pensado que deberías ser solo mío, Alfred. Como antes.- Con pasos lentos y calculados se acercaba. Comenzaba sentir la habitación cada vez más pequeña, sin un rincón donde esconderme y dejar que el vendaval pasara sin causarme daño. Cada vez más irresistible, más pequeño, sofocando.

De alguna forma ya estaba siendo atrapado entre la pared y su tibio cuerpo, sin escapatoria posible. Los pensamientos de entrega se deslizaban junto a su cálida voz. Desperté un segundo. -¡No volveré a ser tuyo!- le grité, empujándolo lejos de mí. Respirar el mismo aire que el me enfermaba y me hacía necesitarlo, en una ambigüedad que trastornaba mi mente, y todo era su culpa. Y aún con todos mis esfuerzos, mis brazos solo parecían jalea apenas tocando la pared de su pecho, sin el ánimo de empujar y batallar.

-No seas ingenuo, no es una petición y lo sabes.- su expresión era seria, pero sus ojos verdes refulgían de una forma hambrienta, su boca se entreabría con un deseo voraz, su dedo índice se paseaba descaradamente por mi cuello, aflojando la chaqueta. -Siempre te deseé.

-Pedófilo.- murmuré con ironía, intentando hacerle reaccionar, echarlo, y luego solo correr lo más lejos posible de aquella dulce tortura. "Déjame, déjame." Cerrar los ojos y esperar. Esperar un poco más. Todo mi ser codiciándolo, pidiéndolo en gritos incontenibles, sin que pudiese hacer oídos sordos.

Su risa sofocada estaba desprovista de humor, de hecho cuando me atreví a entreabrir los ojos, parecía más enojado que nunca, pero con el deseo desbordándole la piel, haciéndose presente en el aire, empírico. -Pero ya no eres un niño. Y puedo hacer lo que quiera contigo, cariño. Si no me crees solo observame hacerlo.

De alguna forma logró atrapar mis muñecas con una sola mano, y aun si forcejeaba los intentos eran inútiles, el caballero no era una princesita llorona como aparentaba. Cuando quería, podía llegar a usar mucha de su fuerza, no por nada era una nación tan experimentada. El capitán Kirkland...Pensando en insultarlo, comenzó a atacar, haciendo que mis pensamientos perdieran el hilo con su lengua cálida y húmeda adentrándose en mi cuello, lamiendo, mordiendo, poseyendo, de forma muy lenta, como si quisiera disfrutar mientras me devoraba. Sin ningún tipo de culpa, solo sintiendo el placer de hacerlo él y no alguien más.

Mi fuerza de voluntad se hacía cada vez más mínima, y mi deseo de su carne solo iba en aumento, casi olvidando que Arhtur solo ansiaba complacerse conmigo y luego dejarme, un juego. Nada más que ello. Cambiar de personalidad, jugar conmigo, volver a ser el de siempre e irse. La misma rutina siempre, y yo como idiota entregándome sin resistirme. -¡Detente!- logré exclamar entre suspiros y los contenidos gemidos.

-¿Acaso quieres que crea que deseas que me detenga?- Desabotonó mi camisa, bajando con su lengua por mi pecho, haciendo de mí, un manojo de nervios, un cuerpo inerte que únicamente podía suspirar bajos los tan ansiadas caricias. -¿Sabes? Lo único que quiero es dejar mi marca personal, Alfred. Porque tu eres mío.

Con esa sentencia, subió hasta mi rostro y me besó de forma tal, que el aire me pareció innecesario durante largos minutos, bajo su cuerpo. Sumisamente, obedecí a su orden de recostarme en la mesa de la reunión, mientras el volvía a hundir sus labios en la piel de mi cuello, dejando visibles chupones. Sus manos hacían el resto del trabajo, abarcando aún más, apoderándose sin ningún recato del cuerpo de quien había sido su hermano menor. Si bien aquellas caricias eran de mi entero agrado, la forma en que solía abordarme para entregarlas, la odiaba. Esa extraña sensación de sentirme un objeto manoseado.

Detuvo su descender cuando llegó hasta donde mis pantalones tapaban mi piel, y volvió a acercarse a mi rostro, chequeando que mi resistencia fuera la más mínima. -Eres tan lindo.- susurró entre dientes. Acercó sus labios y logré sentir su hálito embriagante destrozando mis últimos jirones de conciencia. Sin concretar el contacto, siguió susurrando. -Solo quiero asegurarme de que eres exclusivamente mío...Por ejemplo aquí...- con su dedo índice comenzó a acariciar desde el mentón hasta llegar al lóbulo de mi oreja y morder suavemente ese sector. -Eso es de mi propiedad.- Luego procedió a morder mi labio inferior, haciendo que soltara un gemido ahogado.

Mi tacto anhelaba rozar su piel, recorrer su mejilla cálida con la yema de los dedos, y tocar sus brazos, recorrer el mundo que se presentaba. Morder, morir, existir un poco más. Usar y ser usado. Otro nuevo gemido al notar su calidez tomar y tocar con plena libertad. -Esa expresión es adorable, y solamente mía. ¿Quieres que me detenga ahora?- preguntó totalmente confiado.

Ya había perdido, eso era muy claro ¿Cómo detenerlo ahora? Su yo era de él era únicamente porque siempre acababa entregándome. -No...-mascullé con el ego herido profundamente. ¿Qué libertad había conseguido con mi independencia? Solamente económica, por lo demás, England era mi total dueño. Cuando hacía eso y yo me derretía silenciosamente, sin que nadie se enterara, entre los brazos blanquecinos de mi ex-tutor.

Sus pequeñas caricias salvajes, descendiendo y abarcando, trazaban una línea segura, que seguida de su tacto, era reemplazado por su hábil lengua, marcando un camino delimitado y brillante. -Muy bien, pequeño. Ahora repítelo, repite que eres mío. Pero mírame.- Exigió, relamiéndose los labios poco disimuladamente, en tanto tomaba mi mentón con un férreo agarre para que no dejase de contemplarlo, directamente a sus fríos ojos verdes. Temblé una vez más bajo él.

-Soy...- dudé. Lo era, lo era, sin necesidad de que Arthur se convirtiera en ese cazador, mas él no lo entendería eso. Mordió mi cuello sin ningún miramiento, dejando las marcas de sus dientes grabadas allí.

-¿Eres?- preguntó nuevamente, lamiendo muy lentamente el lugar donde estaban sus marcas.

Lo miré, escondiendo mi éxtasis, con la expresión más seria que pude encontrar bajo ese contexto. -Soy tuyo, Inglaterra. Sin necesidad de que hagas esto, no estaría con nadie más que contigo.

Sonrió una vez más, esta vez sinceramente, sin el deje de deseo irradiando en todos sus movimientos, exhalando por todos sus poros ese deseo de poseer de forma agresiva. -América, definitivamente sigues siendo muy inocente con todo esto...

¡Siempre acababa diciendo eso! Mis súplicas, mis explicaciones, el amor que reclamaba le eran nada más que "inocentadas de un chiquillo emancipado" ¿Cuándo entendería? Una nueva mordida, un nuevo gemido ahogado; y yo, muriendo de necesidad por ser tocado con dulzura, con la dulzura de antes que me entregaba mi tutor. El Arthur que conocía desde siempre era reemplazado por él, aquél que si me tocaba, el que sí quería estar conmigo, aún si era de esa forma. -¡Calla!- exigí. Su boca pasó a ocupar la cavidad de la mía, borrando el rastro de cualquier palabra que quisiera decir. Me silenciaba de esa forma, mordiendo y dejando marcas que dolerían más en mi autoestima que en mi cuerpo.

Me liberé de su posesiva boca. Mis labios hinchados no pudieron detener las palabras que brotaban con una desesperación que no sabía controlar. -Para, detente, deja de jugar conmigo...No soy tu estúpido juguete, Iggy.- Recalqué su nombre, ese nombre tan cotidiano entre nosotros. ¿Cuándo había pasado de ser mi Iggy a ser ese pirata que asaltaba por sorpresa mi cordura?

Se arregló el cabello hacia atrás, dejándome ver su rostro en toda gloria, con la serenidad de sus párpados cerrados, y su deseo evaporándose lentamente, volviendo poco a poco. -Iggy...- se repitió a sí mismo. Esfumándose los restos del pirata, ladrón, poseedor. Y su casto beso me anunciaba que el juego había terminado por hoy, que volvía a ser el de siempre.

-¿De nuevo?- preguntó con la voz temblorosa, dejándose caer a mi lado, con el brazo cubriéndole los ojos. Avergonzado, maravilloso. Agitado.

-De nuevo.- afirmé con vergüenza al ver mi camisa totalmente desabotonada, a merced de las decisiones de aquel hombre sin escrúpulos, poseedor, cazador. -Él volvió. El capitán Kirkland.

-¿Te herí?- preguntó, temblando por el pavor, jadeando por el cansancio.

-No.- acerté a decir sin demasiada convicción, a lo que el respondió con un rezongo de desagrado, reprobando cualquier conducta anterior. Siempre era así, la segunda personalidad de Inglaterra venía por mí en ese juego de seducción, haciéndome sudar el amor que sentía por el Reino Unido, olvidándome por instantes de lo tierno de la camaradería entre ambos, del pequeño amor que se creaba en cada frase. Expeliendo sudor y ternura en su tacto.

El dulce Arthur pronunció un desgastado. -Te quiero.- sin lágrimas, sin jadeos, sin remordimientos. Una frase demasiado exacta que no necesitaba de más para existir. Lo sabía, el gran país de ojos verdes siempre me lo decía. El pirata lo tatuaba en mi piel con hierro caliente.

-Una vez más.- exigí.

-Te quiero.- Su silencio prolongado me asustó. Sabía que el remordimiento lo estaba torturando...pero no sentía esa tensión en su cuerpo. ¿Qué sucedía? Comencé a temer.

Su suspiro cansado y su risa vencedora me alertó una vez más. -¿Ya se fue?- me levanté y lo contemplé una vez más, con la esperanza de hallar a mi Arthur.

Descubrió sus ojos, los cuales refulgieron con el placer de tenerme a la vista nuevamente, mas con la embelesante pasión que desbordaba su rostro. Un deseo magnético, inmediato, instantáneo. Ese ser poseedor nunca se había ido de allí, sólo jugaba una vez. -El capitán Arthur Kirkland acaba de zarpar, propiedad adorada. Te quiero...y eres mío..- Sentenció, y su lengua una vez más, comenzó a apoderarse de mi, con la incertidumbre de ser poseído por la doble personalidad de Inglaterra.

Al fin y al cabo, yo era quien le daba el poder de usar su arma de doble filo, y su doble personalidad...me hacía enloquecer con sus caricias. Moría entre la dulzura y la pasión, me consumía entre la incertidumbre el placer culpable de aprovecharme secretamente del inglés cuando era mi pirata.

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Eso fue definitivamente muy random, inspirado en la canción de Lucybell que tiene el mismo nombre que el fic.
Espero les guste. Es para cristi, mi chilito amado~~
Au revoir :3
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